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Tiene nombre de niño héroe, pero es escritor
* Fernando Montesdeoca presentó en Tijuana dos novelas suyas: “Esta ilusión real” y “En los dedos de la mariposa”
Por Víctor Magdaleno
Un escritor con nombre de niño héroe estuvo la semana pasada en Tijuana para presentar dos de sus novelas, pero a diferencia de aquel, el escritor no se distinguió por su precocidad, por el contrario, la aparición de sus libros sucedió cuando el autor rebasaba los 40 años, pero lo hizo con muy buen tino porque desde que empezó a publicar con regularidad, Fernando Montesdeoca no ha dejado de cosechar preseas: Esta ilusión real, Premio Juan Rulfo para Primera Novela 2001; En los dedos de la mariposa, Premio Internacional de Novela Sergio Galindo 2003, y Moscas, Premio Nacional de Cuento Agustín Yáñez 2005.
Nacido en 1952 en la Ciudad de México, Fernando Montesdeoca estudió arquitectura, guionismo y realización cinematográficos. A lo largo de su vida ha hecho cortometraje, crítica de cine, guiones, publicidad, diseño gráfico, fotografía, pintura y teatro. Actualmente vive en Oaxaca y viajó a Tijuana para presentar En los dedos de la mariposa en el Centro Cultural Tijuana y un día antes Esta ilusión real, en la Universidad Xochicalco. Con ese motivo, el autor concedió a Bitácora la siguiente entrevista:
¿Le ha traído algún contratiempo o peripecia chusca llevar el nombre de un niño héroe?
FM: En realidad no ha representado ninguna dificultad. En la escuela sí me decían niño héroe y algunos amigos todavía me lo dicen, en broma, obviamente. Se me hacía curioso cuando estaba en la escuela, me daba una cierta notoriedad, se me hacía por ratos hasta simpático, pero no pasó de allí.
A diferencia de la precocidad del niño héroe, usted empezó a publicar en forma relativamente tardía. ¿A qué se debe en su caso?
FM: A una cierta indefinición de mi parte. En mi medio familiar, en mi círculo de amigos, en el medio social en que el que yo me movía, no era bien visto dedicarse al arte como modo de vida. En el mejor de los casos se considera un pasatiempo, un hobby, pero cuando uno se empieza a entusiasmar y quiere ser artista, la gente que te rodea se asusta y te dice: ‘no, no, te vas a morir de hambre, mejor dedícate a otra cosa’. Siempre me ha interesado el arte, además de escribir, pinto, he hecho teatro, cine, me gusta el arte en general, así que yo realmente no tenía miedo de dedicarme a lo que más me gustaba, pero me costó mucho trabajo definirlo y aceptarme como escritor.
“Desde los años 70 había estado en varios talleres literarios de la UNAM, con Miguel Donoso Pareja, Juan Bañuelos y otros, y eso me iba convenciendo de que la literatura era parte de mi vida, pero no mi carrera central y no es sino hasta los 27 años que empiezo a retomarlo: en Guadalajara me uno al taller de Elías Nandino y allí confirmo ese quehacer, porque me encuentro con mis iguales y empiezo a publicar en revistas y varias plaquettes de poesía, al inicio de los años 80. No obstante, yo sigo en la arquitectura, porque ésta representa para mí la seguridad económica y no fue sino hasta 1997 que concreté la publicación de mi primer libro, un volumen de cuentos editado por la UNAM con el título de Viaje nocturno”.
Ha escrito poesía, cuento y novela, ¿en qué género se siente más en su elemento y por qué razones?
FM: El cuento, básicamente porque me gusta contar historias y cuando escribo poesía tiendo a narrar. Hay una buena parte de la poesía de todas las épocas que tiende a la narrativa, la épica griega, por poner un ejemplo, y poetas contemporáneos también tienden a narrar. En mi caso, me importa contar historias, es algo que se identifica mucho con mi manera de representarme y de explicarme el mundo, porque la estructura narrativa me permite de alguna manera reinventar el mundo, mientras que la poesía, que es también invención, pero más volcada hacia el interior, aunque un interior hecho de palabras, pero que buscan menos la
representación del mundo y es más abstracta.
¿Influye su experiencia en el cine en su escritura?
FM: Me sirve mucho, porque a través de la arquitectura tengo una educación muy visual, que me hace representarme el mundo visualmente de una manera muy rica, y por otro lado estaba mi afición por la literatura. De algún modo esas dos vertientes se fusionan en mi acercamiento al cine, que es otra manera de contar historias y enriquece esa forma visual que siempre me ha atraído, pero también enriquece una percepción de estructuras narrativas que son muy propias de lo cinematográfico y que las internalizo, me las apropio, y de pronto comienzan a aparecer en mis cuentos. Es como una traducción semiótica o, mejor, intersemiótica.
¿Primero visualiza la historia que pretende contar en sus relatos?
FM: Está muy presente lo visual, es una mezcla de lo visual y lo verbal. No nada más visualizo, estoy visualizando y al mismo tiempo estoy traduciendo a palabras; es un proceso simultáneo. Cuando cuento una historia veo mucho internamente, y esa es una clara influencia del cine. Mi primera novela, Ilusión real, nace como un ejercicio cinematográfico, pero que se convirtió rápidamente en novela.
Su novela En los dedos de la mariposa trata en torno del amor, uno de los temas más abordados a lo largo de la historia de la literatura, ¿no le resultó difícil a estas alturas encontrar un enfoque novedoso para un tema tan recreado en la literatura?
FM: Yo creo que toda la literatura y en general todo el arte, y en un nivel de abstracción más elevado, todo lo que hacemos los seres humanos, tiene que ver con el encuentro con los otros, y en el encuentro con los otros siempre está presente alguna forma de amor. Creo que es un tema ineludible, siempre que hablemos de arte, creo que de alguna manera está presente el amor, el desamor. ¿Por qué? Porque yo creo que todo lo que decimos está en función del otro, de los otros, entonces, es un tema inagotable y puede tener muchas variantes… que desembocan en lo mismo.
¿Hay un punto de vista particular al respecto en su novela?
FM: Lo que me interesa en esta y en la otra novela es más bien evidenciar que el amor siendo un encuentro, en su desarrollo en realidad es una forma de desencuentro, porque apenas nos encontramos con el otro empieza nuestro desencuentro; como dos planetas que se sienten atraídos, pero en cuanto se aproximan comienzan a rechazarse. Ese fenómeno pendular, cuyos polos son la atracción y el rechazo, el encuentro y el desencuentro, es lo que me interesa; la atracción que parece que es amor en realidad es un proceso de desencuentro, de transformación, porque nos encontramos y aquello que somos o que creemos ser y lo que es el otro empieza a convertirse en otra cosa, nada permanece, todo se transforma. Captar ese movimiento es lo que fascina, no tanto un amor idealizado, sino ese proceso de muchas facetas, sorpresas y autodescubrimientos, porque yo pienso que el amor es el encuentro con uno mismo a través de los ojos del otro.
En suma, sostuvo Fernando Montesdeoca, En los dedos de la mariposa es “una novela que explora los vericuetos de los desencuentros amorosos”.
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