Del cuaderno a la publicación: una trayectoria no lineal.

•septiembre 2, 2008 • Dejar un comentario

Es curioso, durante mucho tiempo (desde los 11 años más o menos) escribí, deseché, extravié y guardé textos de todo tipo. Tenía cuadernos que a mí se me figuraba que eran libros. Es curioso porque la necesidad de comunicarme se agotaba en la escritura misma. Compartirlos me era más o menos indiferente. Escribirlos era una aventura personal de inmersión en el mundo y construía, es claro, a mis interlocutores: mis “lectores modelo”, con los cuales entraba imaginariamente en contacto. No tenía un recelo en particular para compartir de manera efectiva mis textos, y algunas veces lo hice. No tenía clara del todo, ni siquiera, la noción del escritor. Ni cuando leía. Para mí el escritor, en el caso de la novela, o de la poesía, era un ente que existía en toda la novela o en todo el poema. No pensaba en que tuviera una existencia particular en el mundo (aunque de algún modo lo asumiera). No importaba si estaba vivo o no: existía para mí, como digo, en su escritura. Me gustaba mostrar, en cambio, mis dibujos, eso sí.

Entre los 14 y los 16 escribí mi primer intento de novela en una libreta que desheché. A los 18 estuve en el taller literario de la UNAM que coordinaban, en narrativa Miguel Donoso Pareja, y en poesía, Juan Bañuelos. Lo tomábamos en un piso de la Torre de Rectoría. ¿El 5?, ¿el 7?  Había que usar el elevador.

No me veía como un escritor, en ese entonces, pero los escritores comenzaron a tener un existencia más concreta para mí. Uno de los cuentos que publiqué en mi primer libro surgió en ese taller: “El águila”.  De todos modos mi visión de la escritura era casi la misma. Aunque tenía más curiosidad, y escuchar los textos de otros participantes del taller me ubicaba en relación con una comunidad, que publicaba en una revista (Punto de partida), no llegué a verme en la perspectiva del escritor. Me veía en la perspectiva del músico o el pintor. Escribir era, más bien, otra forma de la lectura.

Ni músico ni pintor: me hice arquitecto, y no porque prefiriera la arquitectura, sino porque parecía más práctico, más aceptable, y porque la parte de la imaginación sí me gustaba: la del diseño y las técnicas de representación. Nunca dejé de leer literatura durante ese tiempo, ni de bocetar textos. Más tarde me fui de la ciudad de México, y en Morelia quedé entre los finalistas de un concurso, así que publiqué mi primer cuento  en un periódico, o en el suplemento de un periódico del cual nunca tuve un ejemplar. Tenía 27 años. Había hecho muchas cosas, pero no había publicado. Un año más tarde, en Guadalajara entré en contacto con el taller de Elías Nandino y comencé a publicar con más frecuencia, en revistas literarias, suplementos culturales y antologías en donde publicábamos todos. Para mí resultaba suficiente. Me bastaba, y hasta me sobraba con mis amigos lectores de la efervescente comunidad literaria y algún público escaso que se presentaba a las lecturas y presentaciones. Trabajaba en proyecto arquitectónico.

Desde Morelia, por 1979, ya tenía una colección de cuentos, y para 1982 casi los publiqué en libro con el Departamento de Bellas Artes de Jalisco. Lo titulé “Viaje nocturno”. Revisé galeras, y hasta se corrigieron. Luis Fernando y Marisa diseñaron la portada: un globo aerostático que pendía de un foco. Era una composición mixta que utilizaba el collage. A mí me encantó. Luis Alberto Navarro era el responsable del área de literatura y de edición, pero en eso salió de Bellas Artes y el libro se suspendió. Injusticia poética.

Aún así en 1985 publiqué una plaquette de poesía de extenuante título: Observador frente a un dilatado campo de golf, con una editorial independiente: La Ballena Blanca, en donde estaban involucrados Gabriel Magaña y Luis Fernando Ortega Aún tengo algunos ejemplares y me gustan mucho: impresos a dos tintas en interiores y con portada en serigrafía.

En 1986 publiqué un poemario, “De brazos cruzados” en un libro colectivo editado por la UNAM/ISSSTE/INBA, junto con Luis Alberto Navarro y Salomón Villaseñor: La señal y los días; y en 1990 otra plaquette de poesía: Transvisiones, con el Departamento de Bellas Artes de Jalisco.

Hasta entonces es que comencé a verme en una perspectiva de escritor. Insistí con diversas editoriales para publicar el libro, pero no sucedió nada sino hasta 1997, gracias al interés de Vicente Quirarte, que era director editorial de la UNAM. Apareció en la colección Confabulario, y conservé el título original: Viaje nocturno. En el camino hice muchas, muchas otras cosas, tantas que siento que he vivido varias vidas distintas. Me formé como guionista de cine en la U. de G., dirigí un cortometraje en 16 mm., exploré la publicidad, hice radio y video, fotografía, diseño gráfico, continué en proyecto arquitectónico, hasta 1995, porque en Oaxaca, a donde me mudé, no era bien pagado. Resultó una excelente oportunidad para dejarlo. Comencé a dar clases de literatura y de historia del arte en bachillerato. Antes había hecho montañismo, pinté, acuarela sobre todo, expusé y vendí. Nació Edgar, mi hijo mayor y creció conmigo desde los 4 años. Hice una especialidad en psicoterapia Gestalt, una licenciatura en lingüística aplicada a la enseñanza de lenguas, una maestría en literatura mexicana, un especialidad en competencias docentes, y seguí escribiendo.

Arrastré una novela que escribí en Guadalajara, y que terminé de revisar y corregir en Oaxaca. Bailé la ronda de las editoriales sin resultado. No confiaba en los concursos literarios. La novela era larga en su primera versión, pero pulí todo lo catártico. Quedó una novela corta, de unas 130 páginas, que me pareció aceptable. La mandé al concurso “Rosario Castellanos”, y luego al “Juan Rulfo”, los dos de novela corta. Gané el “Juan Rulfo” en el 2001 y al año siguiente Editorial Lectorum ya la tenía en circulación, coeditada con Conaculta. La novela: Esta ilusión real. En 2003 obtuve el premio internacional”Sergio Galindo”, de Veracruz, de novela, con En los dedos de la mariposa, que tuvo un más o menos largo peregrinar para su publicación, pero que finalmente logró interesar a Ediciones Era. La editaron en 2007. Otro premio: el “Agustín Yáñez”, de Jalisco, por el libro de cuentos “Moscas”, que iba a publicar la Secretaría de Cultura de Jalisco, pero se quedó estancado y lo retiré. Ahora espera en el limbo de los libros que no son libros, o más bien en el purgatorio. Quedé finalista en el Premio Hispanoamericano de Novela La otra orilla, 2010, del grupo Editorial Norma, y se publicó, por ellos mismos en 2011.

Tengo otros no-libros escritos que vagan también, buscando su lugar, su momento y sus lectores, recorriendo concursos y dictámenes en las editoriales. No parecen cansados aún. Son tres novelas, dos libros de cuentos, dos de minificción, y unos 3 o 4, creo, de poesía. Tal vez acaben por convertirse en uno solo, o mejor, en ninguno. Ya veremos.

 

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Julio 2008, en Tijuana. Entrevista.

•septiembre 1, 2008 • Dejar un comentario
Foto de JAvier González Cárdenas

Foto de Javier González Cárdenas

 

 
 
 

 

Selecciono aquí, de una entrevista en Tijuana, las dos preguntas que me parecieron un poco más interesantes:

martes, 05 de agosto de 2008


* Fernando Montesdeoca presentó en Tijuana dos novelas suyas: “Esta ilusión real” y “En los dedos de la mariposa”

Por Víctor Magdaleno

Su novela En los dedos de la mariposa trata en torno del amor, uno de los temas más abordados a lo largo de la historia de la literatura, ¿no le resultó difícil a estas alturas encontrar un enfoque novedoso para un tema tan recreado en la literatura?

FM: Yo creo que toda la literatura y en general todo el arte, y en un nivel de abstracción más elevado, todo lo que hacemos los seres humanos, tiene que ver con el encuentro con los otros, y en el encuentro con los otros siempre está presente alguna forma de amor. Creo que es un tema ineludible, siempre que hablemos de arte, creo que de alguna manera está presente el amor, el desamor. ¿Por qué? Porque yo creo que todo lo que decimos está en función del otro, de los otros, entonces, es un tema inagotable y puede tener muchas variantes… que desembocan en lo mismo.

¿Hay un punto de vista particular al respecto en su novela?

FM: Lo que me interesa en esta y en la otra novela es más bien evidenciar que el amor siendo un encuentro, en su desarrollo en realidad es una forma de desencuentro, porque apenas nos encontramos con el otro empieza nuestro desencuentro; como dos planetas que se sienten atraídos, pero en cuanto se aproximan comienzan a rechazarse. Ese fenómeno pendular, cuyos polos son la atracción y el rechazo, el encuentro y el desencuentro, es lo que me interesa; la atracción que parece que es amor en realidad es un proceso de desencuentro, de transformación, porque nos encontramos y aquello que somos o que creemos ser y lo que es el otro empieza a convertirse en otra cosa, nada permanece, todo se transforma. Captar ese movimiento es lo que fascina, no tanto un amor idealizado, sino ese proceso de muchas facetas, sorpresas y autodescubrimientos, porque yo pienso que el amor es el encuentro con uno mismo a través de los ojos del otro.

En suma, sostuvo Fernando Montesdeoca, En los dedos de la mariposa es “una novela que explora los vericuetos de los desencuentros amorosos”.

Julio 2008, en Tijuana

•septiembre 1, 2008 • Dejar un comentario
Nunca había estado en Tijuana. El CONACULTA me invitó a presentar mis novelas allá. Una ciudad movida y contrastante.
La gente súper.
En la Universidad de Xochicalco presenté Esta Ilusión Real, que es del 2002.
Hice una presentación divertida. Yo solo en la mesa presenté la novela, explicando de dónde y por qué, y escogiendo algunos ejemplos del texto y comentándolos.
A veces hago cosas así.
Los estudiantes compraron todos los ejemplares que llevé (hicieron falta más)

   Después, al día siguiente, presenté En los dedos de la Mariposa, en el Centro Cultural Tijuana.


Publicaron en el periódico Frontera, de allá, esta nota:

Martes 5 de agosto del 2008

Co editor gráfico: Gilberto Camacho

jcamacho@frontera.info

Con los dedosen la mariposa


El autor Fernando Montesdeoca presentó su libro el jueves pasado

en la sala de lecturas del cecut

Por José Ángel Soto

El escritor Fernando Montesdeoca, autor del libro “Los dedos de la mariposa” fue presentado el pasado jueves en la sala de lectura del Cecut, en los que fungieron como presentadores Alfredo Ortega, Arturo Cristerna y Nancy Salinas. En su intervención, los presentadores señalaron que esta es una novela fragmentada, no lineal, de varias historias en las que un sólo personaje es el tenue hilo conductor que da unidad a una dispersada historia. “No es necesario hacer un viaje en físico, solamente es darse permiso con la lectura de este libro y en fracción de segundos estaremos en la aventura de caminar en el barrio gótico de Barcelona. “O bien por el Paseo de Colón por Madrid, acompañados de una falange de personajes escritos de una manera muy eficiente”, comentó Nancy Salinas.

Por su parte, Montesdeoca, ese día, confesó que su libro es una negociación o reconciliación con la manera de llevar a cabo la experiencia amorosa, al ser cuestionado por Salinas, ya que en sí el libro es una historia de amor. “No es un libro autobiográfico, pero un libro nunca deja de reflejar al autor, en poca o mucha dimensión, pero dicha situación existe, el autor vive o desvive en su historia. Ya que cada quien lo antepone a sus propias vivencias independientemente de las vividas por el autor, ya que las experiencias de una novela reales o inventadas por el autor están muertas en un libro hasta que alguien las lee”.